Archivado en: Uncategorized | Etiquetas: bolonia, carlos iii, crítica, grado de honores, universidad
La imagen de la universidad Carlos III -desde la que se escribe este post- es la de una institución moderna, joven y con una ligera tendencia ideológica hacia la izquierda. Esta entelequia la compartimos todos antes de entrar y aún cargan con ella en sus mentes los que cada septiembre entran como nuevos alumnos. La wikipedia, por ejemplo, llega a decir que “se mantiene fiel a los principios de la Institución libre de enseñanza“, una forma de entender de la educación de forma antidogmática.
Lejos de esta imagen, el alumno despierto, descubre -una vez más- que las apariencias engañan y que la realidad no se puede reducir a una concepción generalizada transmitida por el boca a boca. Y ¿por qué digo esto?
Pues resulta que, la universidad -sin que la gran mayoría de los alumnos y profesores lo sepan- nos sorprende con una nueva iniciativa tras el sonado éxito (nótese la ironía) de la implantación del EEES. En principio, esta iniciativa, conocida como “Grado de Honores“, no tendría nada que ver con Bolonia aparte de la nula información que se ha dado y la ausencia de consultas a los afectados (profesores, alumnos y PAS).
Sin embargo, como con Bolonia, no son sólo las formas las que provoca un rechazo visceral, sino el fondo de la inciativa. Resumiendo (texto completo aquí), a la administración de la Carlos III no se le ha ocurrido nada mejor que separar al 3% con mejores notas de sus alumnos del 97% restante.
El rector quiere implantar cuanto antes un nuevo plan de estudios que reconoce la mediocridad educativa de los nuevos grados implantados este año, “salvando” a los más listos en clases particulares y exclusivas. Además, el texto propone la prioridad de estos alumnos a la hora de recibir becas, participar en programas de estudios en el extranjero o recibir tutorías personalizadas por sus profesores.
Daniel Peña en su candidatura para rector en 2007.
Separa al 3% de los alumnos con mejores notas y les adjudica los mejores profesores, desmerenciendo el esfuerzo del alumnado y profesorado que queda fuera. Este 97% sufrirá frustración, mientras la élite alcanzará los honores.
La inmensa mayoría de los estudiantes habrá de conformarse con los degradados grados -más pobres en carga lectiva y conocimientos que las licenciaturas anteriores- mientras ve como una minoría disfruta de los fondos de la universidad en forma de mejor formación, mayor atención y privilegios.
Las críticas no han tardado en llegar, los alumnos (obviando los cauces formales, es decir, la inoperativa y poco representativa delegación de estudiantes) han comenzado a hacer ruido y ya uno de los órganos de gobierno de la universidad -la Junta consultiva- ha mostrado su rechazo.
Sirva este blog para dar voz a los que son ninguneados por las jerarquías universitarias.